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ID: MANUSCRITO_01 // REF: Reciprocidad_Inerte
AUTORX: UVITA // FECHA: MAYO_2026

Elegir y que no te eligan

Innegablemente todos queremos ser vistos. Que nos elijan como amistad, que nos elijan como pareja, que nos elijan en un grupo para jugar cuando teníamos 9 años y, desafortunadamente, no nos elijan. La vida se trata tanto de elegir y descartar, ya sea caminos, decisiones, personas. Estamos todo el día viendo a quien elegir o a quien no. Elegimos todo el día a personas, con quienes estamos, hasta en la búsqueda del amor en aplicaciones que solo ven la superficialidad del ser. ¿Cuál es la elección correcta? De tanto que no te elijan solo genera un miedo al rechazo, al abandono. Se hace un masking solo para que podamos ser elegidos, pero ¿donde queda la verdad de uno mismo? De tanto masking y sentir que pertenecemos a un grupo eso lleva a no tener sentido de permanencia auténtico, a que no podamos ser auténticos.

He hecho todo lo posible para que me vean, para que me elijan. Recuerdo una vez cuando era tan mala en cierto deporte y solo para jugar un torneo de ello le pagué $500 pesos a alguien para que me tomase como opción. Para que me elija. Eso fue en cuarto básico. El camino continua. Cuando realmente sentía una permanencia mayor en sexto, la continuidad de séptimo se derrumbó y decidí faltar a clases a escondidas de mi familia, lo mismo pasó en primero medio. En tercero medio tuve que elegir especialidad así que nuevamente todo se derrumbó, por último la universidad. En la universidad conocí un grupo, de hecho, solo para hacer feliz a alguien de ese par que me juntaba, entonces decidí invitar a alguien al Lollapalooza… –por suerte tuve entrada gratis muejeje– La hubiese pasado mejor por mi propia cuenta. Ese par de personas nunca me consideraron unirme al grupo con quienes hablaban.

Un breve resumen de un camino tan largo y lleno de experiencias que solo generan un pensamiento de “¿cuándo me elegirán?” “¿cuando verán un valor en mí?” y si así pasa en lo social, en lo amoroso es mucho peor. Me da miedo amar por temor a que no me elijan, por eso decido crear escudos y protegerme del amor, porque mi miedo al rechazo fue acumulándose a un tamaño tan abismal que no sé si realmente alguien me amará. Sí, me han amado. Dos veces realmente aceptaron mi “yo” en su máximo esplendor; en las otras ocasiones de coqueteo, o cuestiones carnales como comerse –más encima me da rabia esto porque no sé como mierda salen más oportunidades de esto a que alguien realmente me ame, también me da mucha ansiedad el sexo, el que me vean– no me siento connforme con ello, creo que hasta por eso mismo he evitado coquetear, porque prefiero que las cosas se den naturales en vez de forzar algo, aunque, creo que, forzar algo, o al menos intentar que se genere algo, tampoco es tan malo, pero ¿como lo hago? Todo este miedo viene acompañado también de la dismorfia y disforia, entre otros factores. Miedo a que realmente no quieran ver quien soy realmente, que hago lo posible para mejorar y que busco crear lazos desde la vulnerabilidad, en donde la otra persona también pueda mostrarse quién es detrás de toda su historia. Me da mucho miedo amar, pero creo que debo mentalizarme más el hecho de “hey, hice todo lo mejor de mí, hice todo lo que estaba a mi alcance, saqué la mejor versión de mí y ya si no me elije entonces no es mi responsabilidad”.

Es un arte aceptar que nunca seremos elegidos en miles de cosas, porque hasta yo elijo a quienes no, como los demás también eligen “hey, tú no”. Entonces la cabeza pasa preguntandose “¿qué mierda está mal conmigo? ¿por qué no nos eligen? ¿será mi personalidad, apariencia, mi “yo” genuino? Nos echamos demasiado la culpa de todo –la culpa es otro mal de la sociedad–, por eso cada persona es víctima de su historia. Debemos resignificar. Somos lo que somos porque las circunstancias ajenas nos hicieron así, solo que lo más difícil es salir de ese rol. ¿Cómo rompo con aquel esquema?, entonces hay que volver a la idea de mentalizar “hey, di todo lo mejor de mí”.

Las personas somos raras y todos somos personas, pero a día de hoy solo intentaré dar lo mejor de mí, y ya no será responsabilidad mía que no me elijan. Puede que llore, me sienta mal, llegue un poco la culpa, pero al final de todo ese camino solo diré que no es mi responsabilidad. Así que, cada persona que vaya conociendo –lo cual se me hace complicadísimo conocer gente porque me da miedo que no me acepten– le daré todo lo que esté a mi alcance. Haré que se sienta escuchado, que se sienta querido, haré que se sienta cómodo, haré que pueda ser completamente su versión más genuina sin temor a que lo juzguen. Me gustaría poder recibir lo mismo, que me saluden, sepan de mi historia, de quien soy y pueda ser yo. Todos nos merecemos cariño.

Si la persona recibe todo eso de mí entonces me quedaré con un corazoncito feliz a pesar que a lo mejor no me elija. De todos modos, decir que no es responsabilidad mía no es que le atribuya una culpabilidad de que no me elija, al contrario, esa persona tendrá sus razones de porque no lo hizo. Todos somos diferentes, esta persona no me pudo haber elegido por miles de factores y está bien, porque yo también tengo miles de factores para no elegir a alguien. Si alguien juzga la dismorfia corporal y me ningunea entonces ahí no es y me alejaré. Si me siento triste y por eso no le respondo a alguien, no es que no le elija, pero aun así daré mi esfuerzo de hablarle y seguramente me disculpe por no responderle. Creo que también tenemos que esforzarnos más en comprendernos mutuamente como persona, intentar comprenderse por sí mismo e intentar comprender cómo podría sentirse el otro, creo que eso lleva al camino final donde ambos puedan sentirse elegidos.

Todos somos arena en las manos del otro,
solo no sabemos si arena seca o mojada.